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Bahía de Arcachón

Una laguna triangular de unos ciento cincuenta kilómetros cuadrados, abierta al Atlántico por una bocana estrecha y cerrada al este por el bosque de pinos. Se vacía y se llena dos veces al día, y todo se organiza en torno a eso: las cabañas ostrícolas, las villas bajo los pinos y la duna de Pilat, que avanza hacia el bosque.

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La bahía es una laguna casi cerrada de unos ciento cincuenta kilómetros cuadrados, unida al océano por una bocana de pocos kilómetros entre la punta del Cap-Ferret y la duna de Pilat. Dos veces al día la marea hace entrar y salir por esos pasos volúmenes considerables, y la carrera alcanza de cuatro a cinco metros en mareas vivas. En bajamar queda al descubierto buena parte de la superficie: bancos de arena y fango que aquí llaman crassats, surcados por canales por donde el agua sigue corriendo. Las mismas extensiones son, pues, playa por la mañana y canal por la tarde, y eso es lo primero que hay que entender antes de salir en barco. Al sur de la bocana, la duna de Pilat supera los cien metros —su altura exacta cambia de un año a otro, porque el viento la remodela sin descanso— y es la duna de arena más alta de Europa. Empujada por los vientos del oeste, avanza hacia el interior unos metros al año y cubre poco a poco el bosque que bordea. Ese bosque es a su vez reciente: los pinos marítimos que cubren las Landas de Gascuña se plantaron a partir del siglo XIX, al amparo de la ley de 1857, para fijar las dunas móviles y sanear marismas insalubres. Al fondo de la bahía, el delta del Leyre forma otro paisaje, de carrizales y prados salados; la reserva ornitológica del Teich acoge allí a las aves migratorias en otoño y primavera. La ostricultura sostiene la bahía desde el siglo XIX y la convierte en uno de los primeros centros europeos de captación de semilla: las ostras jóvenes se fijan aquí de forma natural sobre colectores y luego se van a crecer a otros puntos de la costa francesa. Los parques ocupan la zona intermareal, delimitados con estacas, y las cabañas de los ostricultores se alinean en los pueblos de la orilla norte —L'Herbe, Le Canon, Piquey, Piraillan, La Vigne—, construidas en madera pintada y con las puertas abiertas al canal. Las ostras se comen de pie, abiertas allí mismo, con pan y vino blanco, frente a los parques que las han producido. En el centro de la laguna, la isla de los Pájaros queda al descubierto en bajamar alrededor de sus dos cabanes tchanquées, levantadas sobre pilotes y convertidas en la imagen más reproducida de la bahía. Arcachon, en la orilla sur, se construyó en cuatro barrios con nombre de estación. La Ville d'Hiver, trazada a partir de 1860 por los hermanos Pereire, ocupa la duna arbolada detrás del paseo marítimo: allí se levantaron centenares de villas de madera recortada para acoger a los enfermos que venían a respirar el aire de los pinos, y la mayoría siguen en pie, en un laberinto de calles curvas al abrigo del viento. El frente marítimo pertenece a la Ville d'Été y a sus embarcaderos. En la orilla norte, el Cap-Ferret alinea casas bajas bajo los pinos, más sencillas y a menudo de madera, y un faro cuyos doscientos cincuenta y ocho peldaños dan la única vista de conjunto de la bahía. La pinasse, barca de fondo plano y roda levantada, sigue siendo la embarcación de aquí: pasa por donde el calado lo impide a todo lo demás. Una estancia se ajusta aquí al horario de las mareas más que al reloj: la travesía hacia el Cap-Ferret, la salida a la isla de los Pájaros, el baño y el acceso a ciertas playas dependen de él. La bicicleta suele ser el medio más rápido, porque la península está atravesada de carriles bici allí donde la única carretera del Cap-Ferret se colapsa en verano. Lo demás se resume en poco: el bosque de un lado, el océano del otro, y entre ambos un agua que sube y baja dos veces al día.

Cómo llegar, cuándo venir

Burdeos está a cerca de una hora por carretera, y la estación de Arcachon se alcanza desde Burdeos en unos cincuenta minutos de tren regional, tras algo más de dos horas de TGV desde París. Junio y septiembre reúnen buena luz y carreteras practicables; en agosto la península del Cap-Ferret se cruza con dificultad en coche, y la bicicleta es el medio más rápido. Conviene consultar el horario de las mareas antes de cualquier salida en barco o caminata larga por la zona intermareal: no es orientativo. El aparcamiento de la duna de Pilat es de pago, y la escalera que facilita la subida se desmonta fuera de temporada.

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